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Después de 400 años, ¿Está todo hecho con Cervantes?

Después de 400 años, ¿Está todo hecho con Cervantes?

Artículo escrito por César Brandariz, Gerente de Icade Asociación, el pasado sábado 16 de abril de 2016 en el periódico ABC. 

Sábado 16/04/16 - César Brandariz- ABC


Mucho se habla, ahora, de Cervantes, pero... ¿hacemos autocrítica y reflexión ante hechos que están ahí? Veamos. No se han sabido conservar sus restos, algo tal vez no del todo sorprendente, a la vista de otros casos, porque tampoco los de Lope de Vega y Velázquez o la cabeza de Goya se han conservado.

¿Justificado orgullo ante uno de los españoles más universales? Sin duda, muy justificado, pero... ¿cuántos han leído alguna de sus obras?

Son ingleses quienes reclamaron una biografía, la primera, la de Mayans. Son ilustres pensadores alemanes quienes entre otros advierten al mundo de la trascendencia de su obra... y son algunos franceses, uno de ellos José I, quienes le rinden homenaje público, mandando erigir alguna estatua que hoy ennoblece nuestras calles.

Sobre Cervantes y su obra se ha escrito y hablado mucho, pero ¿de verdad se ha investigado lo necesario? Porque me veo obligado a afirmar, y perdóneseme la licencia, que en realidad no se ha investigado lo suficiente, que mucho está por hacer y que bastante de lo que se cree saber son conclusiones forzadas sobre meros indicios, no sobre certezas. Hay que recordar que después de 150 años de su muerte nadie se atrevía a situar sus orígenes.

Pero lo peor es que todavía, hoy día, se esgrimen y mantienen como pilares biográficos supuestos documentos imposibles de homologar por cualquier investigación rigurosa. ¿Uno de ellos? Obviamente, la supuesta partida de bautismo, manipulada, que le atribuyen, aunque pertenezca a alguno de sus parientes, Cervantes Cortinas, porque se demuestra que nuestro Cervantes sí era Saavedra y no Cortinas, que no tenía «don» como ellos, que tuvo que pedir ejecutoria de limpieza de sangre de la que sus parientes ya disponían, que su padre se llamaba Juan y no Rodrigo como los Cortinas, etcétera.

Qué decir también de los otros supuestos «documentos», como el llamado «Pedimento», en cuyas primeras líneas, raspadas, se ha superpuesto otra caligrafía. Qué decir del original asimismo raspado del Expediente de Rescate de Argel, en el que solo figuraba –lo testifica, entre otros, Martín de Navarrete– la edad, 31 años en 1580.

¿Por qué se quiere seguir ignorando que en las dos exhaustivas historias de Alcalá de Henares, «Annales Complutenses» de 1645 e «Historia de Compluto» de 1728, de Miguel Portilla, no se menciona por ningún lado al ya muy famoso Miguel de Cervantes Saavedra, ni se le relaciona para nada con esa gran ciudad? ¿Por qué se quiere seguir ignorando que Lope de Vega, cuatro años estudiante en Alcalá y amigo hasta 1584 de Cervantes, cree que este es de Madrid?

¿Se ha investigado de verdad la inspiración auténtica que subyace en «El ingenioso hidalgo de La Mancha», que es el título auténtico en minúsculas puesto por Cervantes, repetido por quien le otorga la licencia y modificado por el impresor? ¿Había truchas, bueyes, hayas, gayta zamorana, recitado de las zagalas en portugués, nabos, arrieros gallegos y hacas galicianas, ánimas en pena, santa compaña, aceñas, rabeles, folía, acebos, tejos, zuecos, campanas de Sansueña, abrojos, sabogas, etcétera, en La Mancha geográfica, zona que, según los académicos manchegos Pérez Pastor y Agostini Banus, Cervantes no conocía bien, sino solo de paso y citando sus lugares de oídas. ¿Procedían de La Mancha geográfica de entonces los apellidos Nogales, Pablos, Corchuelo, Lorenzo, Alonso, Miranda, Pérez de Viedma, Domingos, etcétera, o expresiones como «Voto arrus», «tarde piache», «levar ferro»...

El propio Cervantes, que se encubre bajo el nombre «sanabrio», relata con su propia caligrafía en 17 páginas de la Égloga de Virgine Deípara, que localicé en la Academia de la Historia, que estudió en el antiguo colegio que tenían los jesuitas en Monterrey, junto a Verín, no lejos de las Montañas de León y de la aldea «Cervantes», zona de donde, por cierto, procedían sus alter ego el Cautivo de Don Quixote y el Damon de La Galatea, y sus apellidos. Los cervantistas norteamericanos sí han difundido este dato clave. En España, silencio.

«La verdad bien puede enfermar, pero no morir del todo» (Persiles y Sigismunda 3, 12).

César Brandariz, Gerente de Icade Asociación.

Puedes visualizar el artículo original aquí